buscador

Search - Remove Shortcode
plg_search_sppagebuilder
Buscar - Categorías
Buscar - Contactos
Buscar - Contenido
Buscar - Canales electrónicos
Buscar - Enlaces web

Languajes

La zaga de Cacho

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

Territorios Clínicos de la Memoria presenta una nueva sección “Relatos de archivos” que Mundo Lesa compartirá mensualmente:

 

Este nuevo espacio lo pensamos como un lugar de encuentro a través del relato de las experiencias del trabajo con archivos. 

El cómo y el porqué de una investigación, las entrevistas programadas, pero también las impensadas; las tachaduras en un documento, la falta de una foliatura o su reemplazo, los anaqueles abarrotados; las hojas perdidas en los cajones y los ficheros ordenados; textos y contextos que permiten un tropiezo con datos que definitivamente confirman hipótesis sostenidas, descartadas y retomadas. Recorrer estos espacio-tiempos que se intersectan con múltiples estados del investigador son los que convocamos a plasmar y compartir. 

La zaga de Cacho[1]

La primera vez que hablamos por teléfono me dijo que todo lo que tenía para decir ya lo había dicho y me cortó. La segunda me dijo que no entendía por qué lo llamaba, pero que algún día  pasaría para hablar conmigo; por suerte, solo se tomó una semana.

Cacho era un viejo militante peronista. Era de Mar del Plata y había estado en la Resistencia Peronista, en los movimientos de base de aquella ciudad. Formó parte de la FAP y finalmente se integró a Montoneros.

“El loco César” fue secuestrado el 28 de abril de 1977 y llevado a Campo Mayo herido de nueve balazos; luego de cinco meses de secuestro logra huir de sus captores en un traslado. Durante ese tiempo, “El loco” se dedicó minuciosa e incansablemente a contar los pasos que separaba un galpón de otro, la sala de tortura de los baños, a escuchar los apodos de sus compañeros y los de los represores, logrando memorizar cada dato que luego sería clave para reconstruir uno de los centros clandestinos más grandes y feroces que tenía el Ejército a su cargo.

Cuando por fin accedió a encontrarse conmigo, Cacho dedicó ese primer encuentro a medirme, me puso a prueba cada vez que pudo hasta que se convenció de que estaba dispuesta a reconstruir el centro clandestino que había funcionado dentro de Campo de Mayo y a trabajar por conocer el destino de los secuestrados que pasaron por ahí, por los que solo figuraban con apodo, por los secuestrados que no estaban mencionados, por saber de las embarazadas y su hijos robados, y desentrañar cada nombre de los represores que habían actuado en aquel lugar. Desde ese día, de algún mes del año 2004, nos reunimos todos los miércoles de cada semana hasta dos meses antes de su muerte. Recuerdo su último llamado telefónico, explicándome que no se sentía muy bien para viajar hasta la capital.

La oficina en la que estábamos era un entrepiso al que se podía acceder mediante una escalera que daba al frente y desde la cual se veía de manera panorámica todo el piso. Cacho subía la escalera y se quedaba parado en el último escalón, esperando. Cuando todos los presentes lo mirábamos, extendía su brazo con sus dedos en V a modo de saludo y contraseña y entonces recién entraba. Fue un hombre extraordinario en todo lo que nos enseñó durante esos años, con su historia, fortaleza y visión política.

“No te saco, no sé qué sos, pero tenés el talante peronista” me decía entre intrigado y sentenciando que ya había decidido que yo era peronista. Una de esas navidades me regaló una moneda de un peso con la cara de Evita, la había hecho engarzar para que pudiera usarla de collar. Es el mejor talismán que he recibido y que conservo como símbolo de todo aquel trabajo que hicimos, que perdura en lo logrado en la reconstrucción de Verdad en lo que fue “El Campito”[2].

Cacho cayó en una cita y al resistirse lo hirieron de nueve balazos, entre ellos, uno en la cabeza y otro en la boca. Casi muerto lo llevaron a Campo de Mayo, estuvo 20 días en coma, y dos compañeras médicas, “la Yoli y María”, le salvaron la vida. Intentó suicidarse y les pidió a sus compañeras que lo dejen morir. Para el Ejército era importante poder sacarle información y, pese a su estado, apenas salió del coma fue torturado, pero después de ese tiempo, cualquier información ya había perdido valor sustancial.

Comenzamos a trabajar sobre sus testimonios, los que dió en el exterior y en CONADEP. Tomamos cada una de las víctimas de las que no teníamos información, reconstruimos el centro clandestino, volvimos a encontrarnos con otros sobrevivientes, con los familiares de las víctimas para tratar de tener nuevos datos y alentamos a la construcción de la Comisión de Campo de Mayo.

Cada encuentro fue cruzar toda la información con la que disponíamos y salimos a buscar más, mucho más. Cacho venía con sus carpetas y papeles y trabajábamos durante tres horas incansables, cada semana de cada mes durante cuatro años. Y logramos entrar nuevamente a Campo de Mayo y reconstruir cómo era, le dimos identidad a víctimas que solo figuraban con apodos, y logramos que muchos familiares se acercaran a denunciar lo que no se habían atrevido a hacer durante todos esos años. Identificamos represores, y  pasamos de tener cinco liberados históricos, a más de cuarenta. Sus testimonios fueron la base fundamental del trabajo que presentaron los abogados querellantes.

El relato de esos encuentros es la base de un trabajo que se retroalimenta entre archivos y testimonios y es un homenaje a un hombre que marcó de manera indeleble el trayecto de mi trabajo y mi perspectiva sobre la reconstrucción de la historia, siempre compleja.

Stella Segado

 

 

Juan Carlos Scarpati, tenía 40 años cuando lo secuestran.

 

La zaga de Cacho I: Las médicas

El primer trabajo que nos dimos fue trabajar sobre cada una de las víctimas con las que Cacho tuvo contacto dentro del centro; otras a las que vió, pero con las que no pudo hablar, y aquellos casos que conoció por los apodos con los que eran nombrados dentro del centro clandestino, sin saber quiénes eran. En algunos casos los conocía con anterioridad, o los había reconocido en los años posteriores a su secuestro y huida. En esos años, por sus denuncias en el exterior y el encuentro con exiliados y familiares, había logrado ponerle nombre a muchas víctimas. En sus papeles, con tachaduras y agregados, fue reconstruyendo todo lo vivido, pero aún faltaba mucho por hacer.

Cacho, fue trasladado junto a otro secuestrado desde “El campito”[3] al “Sheraton”[4] para, para  reconocer una casa donde funcionaba Radio Liberación. Juntos fueron llevados a la zona de La Plata, en dos autos. Durante el trayecto, uno de ellos se desvía del recorrido tras recibir una orden por radio, quedando solo el vehículo donde viajaban los dos secuestrados. Después de realizar un recorrido, finalmente el otro secuestrado marca una casa y el grupo operativo desciende del auto corriendo, para ingresar. Cacho sentado en el asiento trasero ve como el conductor mira distraído la escena mientras su revólver está apoyado sobre la butaca delantera y “el Loco”, aprovechando esta situación y con el coraje que la desesperación a veces brinda, logra arrebatarlo y correr hacia un auto que estaba siendo estacionado en ese preciso instante; a punta de pistola hace bajar a su conductor y así comienza una huida que terminaría en España.

A poco de andar descubre que el auto robado pertenecía a un policía y que en la guantera tenía el revólver reglamentario. Decide entonces que debía cambiar de vehículo y localizar a su pequeña hija, ya que podía ser utilizada como rehén para recapturarlo. Fue un largo peregrinaje el de ambos, saliendo de Argentina, Uruguay y Brasil hasta poder llegar a España.

Una liberada de ESMA relató que cuando Cacho llegó a España, era tal su excitación que estuvo 48 horas hablando sin parar, y que los que estaban con él se iban turnando para escucharlo y descansar.  Hablaba mientras los seguía por toda la casa, hasta que finalmente se desmayó y durmió días.  

En España da su primer testimonio frente a la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU). Allí explica el funcionamiento del centro clandestino, la tortura, los apodos de los represores, la guardia, los perros adiestrados y los vuelos.

Cacho llega al centro clandestino herido de 9 balazos. De las dos médicas que lo trataron apenas llegó a Campo de Mayo y le salvaron la vida, había identificado a una de ellas: María.[5] Estaba embarazada y  había parido en el Hospital Militar un varón mientras estuvo secuestrada allí y así se lo comunicó a su compañero cuando pudo encontrarlo en el exilio. Pero sobre Yoli, faltaba saber quién era.

Comenzamos a buscar cual era el relato más antiguo de Campo de Mayo sobre ella. Yoli era mencionada a principio de 1977 como “una médica gordita” que curaba a los secuestrados y que también lo estaba. Todo indicaba que María y ella habían sido secuestradas juntas en la zona norte.

Nos dimos la tarea de ver fotos de médicas secuestras en la fecha, hasta que Cacho la identificó. Hicimos los mismo con el compañero de María quien también la identificó, como quien estaba con ella en el momento del secuestro, también entrevistamos a aquellas víctimas que habían tenido contacto con ella, para mostrar su foto y entrecruzar datos.

En muchas de las denuncias realizadas por las familias a CONADEP se consignaba como fecha de secuestro la última vez que vieron a la víctima. Yoli estaba denunciada por su madre como desaparecida en mayo de 1976, pero sin más datos. Su madre, era una mujer mayor, viuda y sin otros hijos, y había denunciado que personal armado había llegado a su casa preguntando por su hija y al no encontrarla robaron objetos. Ella nunca más volvió a verla, por lo que esa fue la fecha de desaparición de su hija. Es probable, que “Yoli” haya sido alertada de esta situación y por cuestiones de seguridad no volvió a comunicarse con su madre hasta que finalmente fue secuestrada.

Con el último reconocimiento que una víctima hacía de Yoli, ya no había dudas, se trataba de Marta Graciela Eiroa. Durante un tiempo nos dedicamos a buscar familiares, pero no pudimos encontrar ninguno para contarle sobre su destino y que pudiera presentarse como querellante en la Causa.

Cacho golpeó mi hombro varias veces, y me dijo - Bueno piba, nos vemos el miércoles que viene- Mientras lo veía despedirse de todos, iba escribiendo mentalmente el informe que debía presentar:

Informe N°…“ Marta Graciela Eiroa era médica ginecóloga, y militaba en sanidad zona norte de Montoneros, fue identificada como una de las víctimas del circuito represivo de Campo de Mayo-Zona 4 por Juan Carlos, Scarpati y…”

 

Reconocimiento del Centro Clandestino que funcionó dentro de Campo de Mayo.     

       

     

 

[1] Juan Carlos Scarpati 26/09/1939 -16/08/2008 Militante Peronista fundador del “Peronismo 26 de Julio”

[2] Así llamado el centro clandestino de Campo de Mayo

[3] El centro clandestino que funcionó dentro de Campo de Mayo era llamado como “El Campito” o “Los tordos”

[4] Centro clandestino de la zona oeste, funcionaba en la comisaría de Villa Insuperable, Quintana y Tapalque, Lomas del Mirador, La  Matanza, Policía de la Provincia de Buenos Aires.

[5] Silvia Mónica Quintella Dallasta, médica, secuestrada el 17 de enero de 1977 dio a luz a Francisco Madariaga recuperado en 2010, nieto 101

  1. Commentarios (0)

  2. Add Yours

Commentarios (0)

No hay comentarios publicados aquí todavía

Deja tus comentarios

Publicar comentario como invitado.
Regístrate o Ingrese a su cuenta.
Attachments (0 / 3)
Share Your Location