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Languajes

SOCIEDAD CIVIL Y GUERRA PSICOLÓGICA

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En nuestra primera entrega planteamos algunos antecedentes de la guerra psicológica moderna, el desarrollo de la escuela militar francesa y su incidencia directa en la formación teórica y práctica de nuestros cuadros militares.  Así mismo contábamos que en nuestro país durante el genocidio se habían aplicado métodos de acción psicológica compulsivos, persuasivos y sugestivos.

 

Desarrollamos  en qué consistía el método compulsivo, cuyo objetivo era instalar el terror en la población y lo ejemplificamos con el importante despliegue  de fuerzas y armamento que  solía utilizarse a la hora de llevar adelante los secuestros seguidos de desaparición. Si el objetivo  hubiese sido sólo el secuestro de la o las víctimas, el escenario planteado no resulta comprensible pero todo adquiere  otro sentido si pensamos que la manera en que  se concretaban los secuestros era  un “medio” para producir un impacto que despertara las angustias más primarias   y el terror a todxs aquellxs que de una u otra manera fueron testigxs de lo que sucedía porque vieron, escucharon o les contaron.

El método compulsivo fue acompañado por otros de distinta naturaleza que van tendiendo a incorporar elementos más racionales que se combinarán con los emocionales.

En 1958 el Teniente Coronel del Ejército francés Francois Pierre Badie (miembro de la  misión francesa que vino a capacitar a nuestras fuerzas armadas) escribía en la Revista de la Escuela Superior de Guerra de Argentina “…la guerra psicológica tiene su “centro de gravedad”: es el  hombre que hay que  convencer, conquistar, modificando su convicciones; y sus “ejes de esfuerzo” que son los valores morales o intelectuales del ser humano, su pensamiento, sus tendencias, sus instintos, sus sentimientos inestables y a veces contradictorios”, y  agrega más adelante que uno de los procedimientos  de la lucha psicológica es la propaganda  a la que define como “la expresión de ideas destinadas a influir sobre el comportamiento del individuo o de las masas en el sentido deseado por el autor”.

Una publicidad muy difundida en los primeros  años de la dictadura y que  perdura en el  recuerdo de quienes  vivieron aquellos  tiempos nos permitirá  mostrar la  acción psicológica de tipo sugestiva y  donde podemos ver plasmado lo dicho por Badie en 1958. Decía la publicidad “¿sabe Ud. dónde está su hijo a esta hora?”. Este slogan de la propaganda oficial entre los años 1976 y 1977, en pleno auge desaparecedor, intentaba la exculpación del  aparato genocida y trasladaba la responsabilidad de lo que sucedía a la  familia, impulsando  a que  esta extremara su control sobre los miembros  más jóvenes de la misma. Estábamos frente a una población aterrorizada y por  tanto vulnerable, paralizada y a quien se le  dice que la  protección de  la vida  de los hijos está en las  manos de padres y madres. De esta manera se buscaba una alianza inconsciente con los progenitores, quienes sin saberlo  eran impulsados a actuar como  brazo del poder dictatorial, logrando que este ingresara en la esfera privada y más íntima. La posibilidad de poner en juego el pensamiento crítico y diferenciador  se vería entonces reducida por el impacto emocional ante el peligro y la amenaza de pérdida,  y se  “convence” a la  familia que ese peligro  no reside en las  acciones de las  fuerzas represivas, sino que está en  la acción de los hijos y es la acción de los padres de quien depende la vida o la muerte de ellos. He  allí otro momento en el cambio de comportamientos y prácticas.

Y el tercer método de acción psicológica que los franceses desarrollan y que nuestros militares aprendieron es el persuasivo. El Manual de Operaciones Psicológicas aprobado en 1968 (que tiene  como antecedente el elaborado en Francia a principios de los años 50) planteaba que la guerra psicológica tenía la posibilidad de emplear nuevos medios de lucha gracias al avance de la ciencia psicológica, las técnicas de influencia psicológicas y los medios de comunicación de masas.

Si pusimos en evidencia el  método sugestivo a través de un slogan publicitario (técnica de influencia psicológica), el persuasivo lo mostraremos  a través de un medio de comunicación de masas.

Publicado como artículo de contrapropaganda el 10 de septiembre  1979 ( justamente porque nuestro país recibía en esos días a la  Comisión Interamericana de Derechos  Humanos), la revista Para Ti saca la nota  “Habla la madre de un subversivo muerto”.

La selección del medio tiene una intencionalidad: era la  revista femenina de mayor tirada en el país en ese momento y por tanto la más leída. Por otro lado, más allá de los cambios que atravesó desde que salió a la calle en 1922,  sostuvo su núcleo  ideológico  transmitiendo  lo femenino y masculino desde el  modelo patriarcal donde ser mujer es igual a ser madre, y aunque fue incluyendo el nuevo rol de la mujer en el espacio público, siguió sosteniendo  el modelo de mujer hogareña.

La protagonista de la nota a la que nos referimos era Thelma Jara de Cabezas,  madre de un adolescente  desaparecido en 1976 cuando contaba 17 años, y  ella misma desaparecida en la ESMA al momento  en que  se “arma”  la nota de prensa. Con la autoridad que le  confería ser una dirigente del  movimiento de Derechos Humanos,   esta madre  se convierte (en el supuesto reportaje) en alguien “creíble que confiesa”  que lo sucedido a su  hijo es “su” responsabilidad por no haber sabido darse cuenta a  tiempo con  quién estaba  su hijo y qué cosas hacía. Dice “la vida de mi hijo pesa sobre mi conciencia”. Le habla a otras madres “para que no se vean expuestas a los mismos errores” y les envía un mensaje “que estén alertas. Que vigilen de cerca a sus  hijos. Es la única forma de no tener que pagar el gran precio de la culpa, como yo estoy pagando por haber sido tan ciega”… “que no haya  más madres desesperadas  ni chicos equivocados”.   Su arrepentimiento y dolor  se  iban mostrando  en un recorrido periodístico donde  ella va narrando en primera persona cómo actuaban los organismos de Derechos  Humanos a  nivel nacional e internacional engañando y usando de la legítima desesperación de las  madres, a la vez que  cuenta la manera en que una organización política armada articula sus acciones con la de dichos organismos. 

Como vemos, tres años y medio después  del golpe, y cuando ya la práctica desaparecedora comenzaba a declinar, este reportaje sostiene la línea argumental de la publicidad de 1976. Si en los comienzos de la dictadura se les decía a los padres y madres que debían cuidar/controlar a sus  hijos para que nada les pase,  en 1979 la madre de un desaparecido confirmaba que la responsabilidad por la pérdida de su hijo era sólo suya por ser una mala madre que no supo cumplir  cabalmente con el rol que la cultura nos adjudica cuidando y protegiendo. Por otro lado también se transmite que esta madre participó del movimiento de derechos  humanos empujada por la desesperación, no porque le interese la política: la mujer tiene otros intereses y la política no es uno de ellos.

La nota fraguada a Thelma se articula además con otra (también armada), que se publica como recuadro al terminar la nota de esta  madre. Se trata esta vez de un breve reportaje a quien presentan como una militante católica, pacifista e irlandesa, omitiendo que se trata de una premio Nobel de la Paz de visita en Buenos Aires para traer su solidaridad a Adolfo Pérez Esquivel en su condición de preso político. El encuentro tiene un estilo casi casual donde “ella cuenta” que se entrevistó con “madres  amargadas, desesperadas porque sus familias  fueron mutiladas y sus hijos muertos por quienes siembran el odio, la guerra y la destrucción”. La nota adquiere un perfil de despolitización de la realidad, planteando el conflicto irlandés  como un choque de culturas  y habla de los jovencitos enloquecidos  que creían en el izquierdista IRA (Ejército Revolucionario Irlandés) que los convencía de  morir por la patria. Así se van poniendo en boca de una premio Nobel, católica, pacifista,   argumentaciones que van en sintonía con los supuestos dichos de Thelma (la madre desesperada) intentando consolidar   y dar fuerza a la acción psicológica en pleno despliegue.

Muchas otras publicaciones alimentaron el camino  de la guerra  psicológica,  como  en la revista  Gente con su artículo de 1976 “¿Qué hace Ud. para que su hijo no sea un guerrillero?” o la “Carta abierta a los padres argentinos” de diciembre de ese año, cuyo contenido siempre giraba sobre el mismo tema: la vigilancia sobre lxs  hijxs y a qué conductas o dichos prestar atención, instando a los padres y madres a la delación pues su silencio los convertía en cómplices y  por supuesto responsables de lo que pudiera ocurrirle a sus hijxs.

Así es como datos y supuestos hechos “objetivos” se convertían en la vía racional  de   argumentación para profundizar el camino de transformación  abierto por el terror  y a posteriori, y sostenido en esa emoción, inducir a las familias a establecer   un mayor  “control” sobre sus miembrxs más jóvenes.

Dice Badie en el artículo de 1958 citado: “un único mensaje conveniente bien adaptado al auditorio y al momento, puede ser más eficaz  que millares de mensajes enviados sin reflexión”.

 

*Psicóloga. Investigadora. Perito en causa de lesa  humanidad

 

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