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LA IMAGEN EXACTA DEL HORROR,EN DISPUTA II

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EL SISTEMA BUSCA OCULTARLA PARA PREPARAR UNA NUEVA IMPUNIDAD

NUESTRO COMPROMISO CONSISTE EN MOSTRARLA, PARA AMPLIAR LA CONCIENCIA SOCIAL

LA VERDADERA MAGNITUD DEL HORROR HACE INTOLERABLE LA IMPUNIDAD

Y ES HERRAMIENTA DE PROFUNDIZACIÓN DE LA LUCHA POR LOS DERECHOS HUMANOS

 

En nuestra primera entrega nos preguntábamos qué imagina el ciudadano común cuando se habla de delitos de lesa humanidad y de los juicios que hoy se llevan adelante. Decíamos que la experiencia muestra que el imaginario social medio no conoce la cabal dimensión y entidad de esas cuestiones, más allá de los tecnicismos jurídicos. Detrás de éstos suelen invisibilizarse las imágenes cabales del horror y los perfiles reales, muchas veces siniestros, de los autores de esos atroces crímenes.

La derecha, el negacionismo, quienes justificaron la dictadura y se sirvieron de ella para enriquecerse, reclaman insistentemente “reconciliación” o “perdón” sin verdad y sin justicia. Para insistir en ese reprochable objetivo, que implica el riesgo de la repetición, se valen de la falta de claridad acerca de lo que pasó. Para confundir a la población en su buena fe se esconden detrás de definiciones jurídicas que tapan horrores, recurren a la mentira de “guerras” que no existieron, hablan de abuelitos enfermos para camuflar feroces genocidas.

Dijimos que nada más alejado de la realidad en relación a lo que sucedió en la Argentina desde mediados de 1975 hasta el 10 de diciembre de 1983. Y nos propusimos desenmascarar aquellas cortinas de humo para mostrar la verdad en su entera magnitud. Demostramos que no hubo ninguna guerra, al estilo de un supuesto “enfrentamiento bélico entre dos ejércitos” como escenario en el que pudiera entenderse la existencia de víctimas desconocidas, desaparecidos o cadáveres NN, como los que podrían encontrarse tras el fin de una batalla debajo de los escombros de un edificio bombardeado. Esas son imágenes falsas para lo que fue la última dictadura en Argentina. Lo que hubo fue una lisa y llana cacería, de personas determinadas, buscadas en sus domicilios o en sus lugares de trabajo con nombre y apellido, de trabajadores indefensos que solo pretendían justas mejoras laborales, de militantes políticos que solo expresaban su resistencia a la dictadura, participaban de reuniones de discusión o repartían volantes partidarios. Eso no es un supuesto ejército irregular en guerra, es actividad política garantizada por los derechos constitucionales que la dictadura, como verdadera y única subversión, violó.

Dijimos que ese ocultamiento siguió en gran medida a partir de la recuperación de la democracia en 1983, cuando ésta era aún más débil que lo que sigue siendo hoy, y debió por ejemplo pactar, durante el Gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, cuando pese al logro histórico del enjuiciamiento a las tres primeras Juntas Militares de la dictadura, que dicho juicio fuera casi secreto, prohibiéndose su televisación en directo y evitándose escuchar el testimonio brindado por las víctimas. El inocultable fin era impedir que la ciudadanía en general tomase contacto directo con el horror, con su descripción cruda, y ello tocase el alma y los sentimientos del pueblo. Es que, dijimos, la manipulación y distorsión informativa siempre apunta a los sentimientos del pueblo, ya sea para impedirlos o para construir otros falsos. De esa manera la derecha juega perversamente en el plano de lo simbólico para construir imaginarios colectivos que le sean favorables, propiciados por la fragilidad de los vínculos humanos en el presente mundo globalizado, y “líquido”, para recurrir al concepto de Zygmunt Bauman (ver Modernidad líquida, FCE, 1999), capaz de crear un “imaginario social” flotante como una nube que se incorpora veladamente en la conciencia de vastos sectores de manera casi irracional, como si fuese un pase hipnótico.

De lo que se trata entonces hoy, y aquí pretendemos intentarlo, es de romper ese estado de hipnosis, algo así como el modelo de teatro que hizo el gran Bertolt Brecht, el modelo de la ruptura de la ilusión, el modelo de correr el telón y permitir al pueblo ver qué pasó realmente y qué hicieron los genocidas. Tomar contacto con lo siniestro es el más eficaz antídoto contra cualquier espejismo que pretenda llevarnos engañados a aceptar la impunidad de los genocidas.

Hablamos en nuestra primera entrega de lo que hicieron Acdel Vilas, Antonio Bussi, Etchecolatz.

Seguimos hoy con el testimonio de tres víctimas.

  1. LA DESCRIPCIÓN LITERAL DEL HORROR

 

  • Extracto del testimonio de una mujer tucumana

“Cuando ellos han venido, que han dicho que iban a hacer rastrillaje, han entrado como a las 5 y media a mi casa. Me empezaron a hacer preguntas, lo llevaron a mi primo hermano. Han sacado la ropa del ropero, de los cajones. Como no encontraron nada, se fueron. Me voltearon la puerta de la casa. Lo llevaron a mi primo a la Jefatura, en la ciudad, como cuatro días. Ellos me empezaban a preguntar sobre mi marido, yo estaba separada de mi marido habría hecho un año. Ellos me cuestionaban de él, que dicen que él andaba con los guerrilleros. La verdad es que yo no sabía nada de él desde que se había ido. En la casa de mis padres hicieron la misma operación, le pegaron con el látigo a mis hermanos, dieron vuelta los colchones, pero no encontraron nada y se fueron. A los días, vuelven y se instala el Ejército en … (menciona la ciudad)  Cuando ellos se instalan había un hombre gordo, no me acuerdo como se llama, él cuando me encontraba me interrogaba hasta que me llevó a La Base. En La Base me han picaneado, me han violado, todas esas cosas. Yo no les podía decir nada porque todo era por mi marido y yo no sabía nada de él. En La Base me han tenido un día, al ver que no me podían sacar nada. Me largan y me agarraban, como que me estaban fiscalizando. Me paraba en la calle cada vez que me veía y me preguntaba por mi marido. Yo le contesté que el tiempo que él ha estado conmigo trabajaba, pero desde que se fue no le sé nada de la vida hasta el día de hoy. Un día les pedí que por favor no me pararan más, que yo no sabía nada, que no me hicieran más esas preguntas...”

  • Extracto del testimonio de un hombre tucumano

En el año 1976 quien declara tenia 13 años. Su padre  y su madre. Eran comerciantes en la localidad de El se dedicada al comercio siendo su único medio de vida. Quien declara es el hijo mayor de la familia, durante esa época se veía presencia militar en camiones, helicópteros y soldados en la zona que patrullaban día noche. El 17 de junio de 1976 estaban durmiendo, aproximadamente a las dos de la mañana entran en forma violenta y destrozan las puertas, un grupo de diez personas con uniforme del Ejército, con armas  largas y fusiles con bayonetas, los encañona a todos, los hacen levantar a su padre y a su  madre, a los dos hermanos menores los dejan en la cama custodiados. Hacen vestir a su padre y a su  madre, los atan y  vendas los ojos. Durante ese operativo alguien apodado Hormiga Negra  es quien identifica a los padres. El que testimonia les pregunta por qué estaban haciendo esto, le responden diciéndole que no se muevan y que se quede tranquilo; otro militar con la punta de la Bayoneta se la clava en el pie, después de esto le pegan en la espalda, a la altura de los riñones (recuérdese que se trataba en ese momento de un niño de 13 años). Queda inconsciente, cuando recobra el conocimiento estaban solamente sus  hermanos y su pie estaba bañado en sangre. Los militares que participaban en el operativo tenían tonada de otras provincias, el señor Hormiga Negra sí tenía tonada tucumana. Era una persona delgada de una altura media, posiblemente  policía. Durante la detención de sus padres los militares saquearon las pertenencias de la familia, como ropa, bebidas y otros objetos de valor…”

  • Extracto de testimonio de otro hombre tucumano

 

“…mi padre era encargado de la finca. Ahí prestaba yo servicio como peón…  Un día tengo un problema con el hijo del jefe de correos en la estación del tren. Me denuncia en la comisaría de…  como extremista. Yo tenía 19 años cumplidos. Me detienen, me pegan y me preguntan cosas. Si quien era uno, quien era otro. Estaba Almiron en la policía, ya estaba el Ejército. A mí me llevan a la Escuela…, no a la Comisaría. Yo me acuerdo que estaba Almirón y un milico que decían el Cholo Araoz. Había otros policías de…, conocidos:  Acosta, por ejemplo. Esa noche me aporrean. Les pido que me den permiso para ir al baño, me desatan las manos pero me guían ellos. Me desato un poco la venda y al lado del inodoro había un señor que se quejaba. Lo levanto y no tenía dientes, estaba desfigurado totalmente. Ahí me pongo a pensar que eso mismo me iba a pasar a mí.  Uno de los milicos del Ejército cuando me llevan a un grado (se refiere a un aula de la escuela) le dice a un policía que no me tocaran, que a mí me dejaban para más tarde. Me vuelven a atar las manos y me ajustan el vendaje. Llegué a ver personas que no conocía. Muchos se quejaban. Al otro día temprano nos tiran agua con un balde. Un militar le dice a un policía que ahí hay uno que se tenían que hacer cargo ustedes. Mi padre me había estado buscando, alguien le dijo que me habían llevado a la Escuela… Como a los tres días me dan la libertad. Cuando ellos me largan no estaba mi papá ni el abogado que había conseguido. El Cholo Araoz me acompaña hasta la estación de tren de… Cuando llego a mi casa, mi padre me dice que me vaya a trabajar a otro lado, que me iba a seguir la policía. Me fui a Buenos Aires, ahí estuve unos días y me fui a Morón, por el barrio Santa Teresita a casa de unas tías. Mis tías me piden que me vaya porque hacían averiguaciones de quién era yo. Decido viajar a Río Negro, a Choele – Choel. De ahí paso a Pomona y me instalo en una chacra… A mediados de febrero, allá las noticias corrían, que Tucumán esto, que Tucumán lo otro y me preocupé por mi familia y me vine….  Pero de noche ellos llegaban a mi casa, a un rancho de mi padre. Si no estaba lo amenazaban, que yo me tenía que presentar… Ella (se refiere a su novia) me ofrece ir a Buenos Aires y conseguirme un trabajo donde nadie me iba a molestar. Llego hasta la capital de Tucumán y saco el boleto que salía a Buenos Aires a las 17 horas. Entonces subo al tren, le ayudo a ella con los bolsos y yo agarro mi bolso y me bajo por la otra puerta. Me quedo, no viajo yo. Pensaba en mi familia, eran muchos hermanos y yo era el mayor. Me voy… Me tomo el tren para volver… Yo usaba el pelo largo y una barba completa. Llego… y veo que suben los milicos de prepo y empiezan a pedir documentos. Estaban un oficial y un suboficial que tenían distintas insignias y se vienen derecho a mí y me meten la cabeza contra el asiento y me vendan los ojos con un cintillo de tela y me llevaban las manos para atrás. Me bajan del lado izquierdo… Me meten ahí en un lugarcito de la Estación. Se va el tren y me hacen cruzar la vía. Voy contando los trancos que doy como para calcular la distancia de adónde me llevaban. En ese momento, aparentemente han bajado a otras personas porque se escuchaba decir atale las manos. Me llevan y aparentemente me meten en un cuarto donde me empujan y yo piso personas y caigo sobre alguien que lo escuchaba sollozar, llorar. Había olor a materia fecal, a pis en la pieza. Estaba húmedo, cuando me tiraron se me mojó la ropa. Pierdo la noción del tiempo. Cuando me sacan de los pelos y me llevan a otra habitación y me hacían preguntas y me pegaban. Me preguntaban con quién estaba, si sabía yo donde estaban metidos, yo no les contestaban, no sabía de que me hablaban. Pierdo el conocimiento con un golpe que me dan en la cabeza. Siento como que me caía algo de la frente, me doy cuenta que era sangre de la nariz. Todavía tengo marcas en la cabeza. No me acuerdo el tiempo que he estado. Descubro que no tengo uñas, marcas de la picana, marcas en las manos como que me las hubieran querido quebrar. Era como que me despertaba y escuchaba voces, pasos. Creo que no estuve permanentemente en el mismo lugar. No veía nada, pero escuchaba motores de vehículos, distintas personas. Parece que nos cambiaban de lugar. Se escuchaban nombres de personas, no los recuerdo. Me hablaban distintas personas de las que me habían bajado del tren. A veces me parece que me llevaban en un vehículo en movimiento. Cuando tenía conciencia, nos tiraban agua. No comíamos todos los días, una o dos veces por semana nos tiraban un tarro con comida que comíamos del piso como los perros. Cuando me largan, me encuentran con las manos atadas por atrás y los ojos vendados. Me encuentran en el Río…, por la orilla de la ruta… Me despierto y escuchaba voces. Era una pareja que me han sacado el vendaje. La mujer lloraba y decía dejalo. Él me desata los pies y se van. Me quedo ahí un rato porque me sentía muy débil. Habré estado dos o tres horas más y para un vehículo que me deja comida y ropa. Creo que fueron estas personas que me desataron las que me ayudaron. Me doy cuenta que durante ese tiempo no me habían cambiado de ropa, tenía el pantalón pegado... Voy a la casa de una señora que era de…, ella y su hija me cuidaban y me alimentaban. La hija me acompaña hasta mi casa y yo les digo a mis padres que me había ido mal en Buenos Aires, ellos no sabían que había estado detenido. Entonces mi padre me dice que yo tenía la cedula de presentación, de que tenía que hacer el servicio militar… Me presento y ni siquiera me revisan, me ponen APTO…Me incorporan y en el distrito militar me apartan a mí y a 8 personas más… el mayor ANDUJAR donde le ordena al teniente FERNÁNDEZ que “a esos los separa”…me llevan al calabozo en la V brigada de Infantería. Estoy como 20 días preso, no sabía el motivo. Me sacan y me llevan a la zona de operaciones… como soldado preso al calabozo de campaña estaqueado. La primera vez estuve 38 días. Estaba de jefe de operaciones el mayor NEME, el teniente coronel ARRECHEA que después de ser jefe de policía paso a…; el subteniente BERET, aparentemente instruido para matar. Cuando me sacaban del calabozo de campaña… me hacían darle la espalda a la bandera en calzoncillos y camiseta, de zapatillas blancas. Cuando terminaban los actos, los desfiles, nos hacían pegar por todos, por subversivos… Nos tenían custodiados, si no nos tenían estaqueados nos tenían en la cuadra, el que era el depósito… Yo nunca he jurado la bandera, no me han permitido jurarla, siendo yo más patriótico que ellos. Algunas veces he intentado escaparme porque no veía a mi familia. Cuando ellos me descubrían, porque me entregaban, me aporreaban y me estaqueaban, me trasladaban a… ahí me entero que cuando termine el servicio militar, tenía que cumplir con mi sentencia en la cárcel, que “me iba a pasar lo mismo que al teniente…, que por zurdo tiene que ir a la cárcel”…  (que) yo había tenido suerte que no me habían matado al principio como a tres soldados de la clase… que habían desaparecido. Ahí no se escapaba nadie… me pasan a zona norte de Arsenal… Ahí el cabo primero Luna me informa que el me quería matar por subversivo, que me llevaban con ellos para que me tengan custodiado y estaqueado…. intento escaparme un día por Arsenales, de los polvorines por arriba y he visto a hombres y mujeres moribundos, en una especie de cementerio. Me dio miedo y me vuelvo. Estaban el cabo primero Luna y Gómez, los cabos Candela y Ortiz Villafañe y otros suboficiales. Cuando termina la instrucción nos veníamos a la compañía, decían que tenía que estar un año, pero yo ya había cumplido un año y me dicen que tenía que cumplir la sentencia… Yo estaba ahí, dormía, comía, no podía hacer nada…  Hasta la fecha, los odio… Estuve treinta y pico de años callado…”

 

GLOSARIO

1.       Tortura atroz a una niña de 12 años, cuyo sufrimiento y lesiones llevaron posiblemente a la muerte y desaparición de su cuerpo.

2.       Torturas a una mujer mediante la utilización de pinzas en su cuerpo.

3.       Torturas mediante aplicación de latigazos

4.       Aplicación de picana en los genitales a una mujer

5.       Violaciones reiteradas a una mujer que se encuentra sometida a un secuestro clandestino.

6.       Irrupción y allanamiento ilegal violento en una finca durante la noche con destrozo de puerta y de efectos personales

7.       Clavado de una bayoneta en el pie de un niño de 13 años que inocentemente preguntó por qué hacían eso.

8.       Aparte de esa agresión con bayoneta, el niño sufre además golpes y patadas en sus riñones. Desmayado, es abandonado solo, despertando más tarde en medio de un charco de sangre.

9.       Robo de las pertenencias de la familia violentada, como ropa, bebidas y los objetos de valor.

10.   Secuestro y amordazamiento de un joven de 19 años, como consecuencia de una falsa denuncia de “pertenecer a la guerrilla” por parte de un conocido con el que tenía un conflicto por motivos vecinales. En su cautiverio se encuentra con personas desfiguradas, moribundas. Sufre pánico por lo que ve. Es torturado. Sufre una constante persecución y humillación, que se traslada al período de su servicio militar obligatorio. Queda con secuelas psicológicas durante treinta años, período durante el cual no pudo hablar sobre lo que vivió.

 

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