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Detienen al adiestrador que torturaba con perros en El Campito

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Carlos Alberto “Galo” Rojas, suboficial del Ejército, fue capturado el 13 de septiembre en Santiago del Estero por orden de la jueza federal de San Martín, Alicia Vence. Está acusado en la megacausa Campo de Mayo de ser el responsable del manejo de perros para atacar a los secuestrados.

De adiestrador de perros para la tortura en Campo de Mayo a adiestrador de ovejeros alemanes en 2017

Carlos Rojas de adiestrador de perros para la tortura en Campo de Mayo a adiestrador de ovejeros alemanes en 2017, en Santiago del Estero.

Un trabajo de investigación como pocas veces se vio en causas de Lesa Humanidad por parte del personal del Juzgado Federal 2 de San Martín a cargo de la jueza Alicia Vence permitió identificar al responsable del manejo de perros para la tortura en el Centro clandestino El Campito de Campo de Mayo. La base de la investigación la aportó el Programa Verdad y Justicia luego de un cruce de informaciones variadas entre las que se encontraban testimoniales brindadas desde las década del 80 en adelante y que mencionaban el uso de perros para los tormentos.

El miércoles 13 de septiembre en la avenida Belgrano (Norte) 525 de Santiago del Estero, los vecinos se preguntaban quién era el hombre alto, canoso y bigotudo que la Policía de Seguridad Aeronáutica detenía luego de allanar su vivienda en busca de pruebas.

La orden de la jueza permitía ubicar así, luego de 41 años, a Carlos Alberto Rojas, suboficial del Ejército, destinado en los años del horror y la barbarie a la Compañía Policía Militar 201 (la PM) y quien había sido designado en comisión en el departamento II, Inteligencia.

Rojas fue trasladado el pasado jueves 14 de septiembre e indagado en el juzgado de la calle Pellegrini, en San Martín.

Como tantos otros genocidas, se negó a declarar. En diez días la jueza debe resolver si lo procesa o no.

Los testimonios de un grupo de sobrevivientes que dio cuenta de la existencia de perros en los alrededores del Campito que eran usados para atacar a los secuestrados como forma de torturar para obtener información, sumado a los diversos relatos del ex suboficial Víctor Ibañez, quien explicó desde los años ‘90 que en Campo de Mayo se utilizaban “perros de guerra” como metodología de tormento y como “guardias” del centro clandestino, fueron decisivos a la hora de argumentar sobre el funcionamiento de las “técnicas” aplicadas por los genocidas para vigilar y violentar a los secuestrados. Los testigos indicaban que los perros estuvieron relacionados con la llamada Policía Militar.

Rojas usaba el apodo de Galo y a él se llegó después del cruce de múltiples informaciones que formaban parte de la causa, de su propio legajo y de diversas publicaciones relacionadas con adiestradores actuales de perros ovejero alemán o perros policía.

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